«Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!»

Evangelio Lucas 7, 19 – 23

En aquel tiempo, Juan, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?». Los hombres se presentaron ante él y le dijeron:
«Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”». En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista. Y respondiendo, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

La imagen es de KolosVito en pixabay

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Las dudas

En ocasiones a los creyentes nos asaltan dudas. Dudas que en unos casos tenemos cómo resolver y dudas que en otros casos tenemos que superar solos tras una lucha interior, dando como resultado un crecimiento en la Fe.

Debemos aprender a convivir con ellas como algo natural, como etapas que son de una vida espiritual en la que el crecimiento no es uniforme, no es lineal. Sin  sentirnos mal cuando las tenemos ahí con nosotros.

El valor del esfuerzo

A lo largo de su vida pública Jesús enseñó a sus discípulos – y nos enseña hoy a nosotros – una y otra vez, con sus palabras y con sus obras, que el cristianismo es amor. Y que el amor ha de traducirse, necesariamente, en servicio.

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