«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos»
Evangelio Mateo 5, 1 – 12a
Viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»
La imagen es de Pexels en pixabay
Reflexiones relacionadas
La pobreza

La pobreza material es algo que ninguno deseamos ni para nosotros mismos ni para quienes queremos, porque lleva consigo muchas penalidades y sufrimientos. Desgraciadamente es una realidad que está ahí y son muchas las personas que la padecen, en unos casos durante alguna etapa de la vida y en otros casos durante la vida entera.
Podríamos reflexionar sobre cómo habitualmente somos los hombres los causantes de las injusticias y cómo intereses particulares e intereses macroeconómicos hacen que haya incluso países enteros condenados a vivir en la pobreza y a continuar en ella en los años venideros. Pero en esta ocasión quería reflexionar acerca de la relación entre la pobreza material y la espiritualidad a nivel individual.
Porque, afortunadamente, no todo lo que rodea la pobreza material es malo.
Una mirada limpia

Las personas que tienen limpia la mirada y el corazón son aquellas personas que, lejos de ser malintencionadas, actúan siempre con buena intención al juzgar y al opinar. Son personas que se mantienen siempre leales a los demás y leales a sus principios. Y son también personas que reconocen cuándo no se han comportado como deberían haberlo hecho, saben pedir perdón y, de la misma manera, saben perdonar a quienes no se comportaron bien con ellos.
Así se nos medirá

Cuando Dios nos valore sus reglas serán otras. Nos medirá con la medida que nosotros hayamos medido a los demás a lo largo de nuestra vida: Dios será comprensivo con aquellos que fueron comprensivos, será generoso con aquellos que fueron generosos y será misericordioso con aquellos que fueron misericordiosos. Por el contrario será extremadamente riguroso con quienes fueron extremadamente rigurosos, no perdonará a quienes no perdonaron y no tendrá piedad con quienes no tuvieron piedad de sus hijos. Y ese criterio es el que es realmente justo; es algo que sería a todas luces imposible de implantar aquí en la tierra como sistema de medida, pero que sí que es posible para Dios.
Deja una respuesta