Evangelio apc Tres en raya

A lo largo de nuestra vida tomamos innumerables decisiones. Algunas son decisiones importantes  y otras, las más numerosas, son decisiones sobre pequeñas cosas, más propias del día a día.

Con algunas de las decisiones que tomamos acertamos y con otras nos equivocamos, formando los errores parte de la vida misma, de nuestro crecimiento y de nuestro aprendizaje. De esos errores que cometemos tienen especial importancia, en mi opinión, los que implican descuidar, tratar mal u ofender a los demás. 

Y tiene especial importancia también cómo reaccionamos cuando ya nos hemos equivocado y el mal ya está hecho y no tiene vuelta atrás:

¿Somos capaces de reconocerlo? Porque algunos de nosotros somos especialistas en tratar de justificarnos, o tratar de culpar a otros de lo que es tan solo culpa nuestra, en lugar de ser honestos con nosotros mismos y ser honestos también con quienes nos rodean.

¿Somos capaces de buscar los porqués de nuestros errores para aprender de ellos y crecer gracias a ese aprendizaje? Detrás de un mal comportamiento o una ofensa al otro puede haber una envidia, unos celos o una soberbia que más nos valdría tener identificados como lo que realmente son.

¿Somos capaces de pedir perdón a quienes hemos ofendido?

En ocasiones no es a una persona a quien debemos pedir perdón, sino a Dios, sabiendo que Dios, sobre todo, es Padre. Sabemos que nos espera siempre con los brazos abiertos y que está deseando perdonarnos. No por nuestros méritos, ni porque nos lo merezcamos, sino por lo muchísimo que nos quiere. Pero, eso sí, tenemos que querer volver. Y tenemos que tener esa disposición de querer cambiar.

E igualmente importante, es el cómo reaccionamos cuando no hemos sido nosotros los que se han equivocado, sino que otros nos han ofendido. ¿Somos capaces de perdonar de corazón?.

Cuando Jesús quiso enseñar a relacionase con el Padre a sus discípulos, les dijo:

Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo, | santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino, | hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas, | como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación, | y líbranos del mal”. (Evangelio Mateo 6, 9 – 13).

Continuando con unas palabras no tan conocidas, pero de gran importancia:

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. (Evangelio Mateo 6, 14 – 15).

Nos recuerda Jesús con estas palabras que con la medida con la que midamos nosotros aquí en la tierra seremos medidos por nuestro Padre del Cielo: el que juzga a los demás con dureza, será juzgado con dureza, el que juzga a los demás con misericordia será juzgado con misericordia, el que perdona las ofensas que le hacen los demás será perdonado, y no lo será aquel que no perdone a quienes se porten mal con él.

Nunca debemos cansarnos de acoger a quien quiere volver a nosotros, igual que el Padre nunca se cansará de recibirnos cuando seamos nosotros los que queramos volver a Él.

La imagen es de pixel2013 en pixabay

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