¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido
Evangelio Lucas 13, 31 – 35
En aquel día, se acercaron unos fariseos a decirle: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». Y les dijo: «Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada. Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada. Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».
La imagen es de pexels en pixabay
Reflexiones relacionadas
¿De qué se nos pedirá cuentas?

Posiblemente a muchos de nosotros la muerte nos impone mucho respeto. Por miedo a lo desconocido, por un lado, pero también – por qué no decirlo – por miedo a que ese balance que sabemos que se hará al final de nuestra vida, no nos salga demasiado favorable.
Ese balance, esa especie de examen que tendremos que pasar, tendrá una única pregunta. Y la pregunta la sabemos ya: ¿cómo te portaste con los demás? (¿tuviste corazón para ellos?, ¿te preocupaste por ellos?, ¿te ocupaste de sus cosas? …). Uff!!
Deja una respuesta