
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
Evangelio Juan 6, 5- 15
Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
La imagen es de congerdesing en pixabay
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Cinco panes y dos peces

Eso que pidió entonces a los discípulos -que le dieran lo que tenían- es lo mismo que nos pide hoy también a quienes queremos ser de los suyos, tantos siglos después:
Jesús nos invita a que hagamos siempre todo lo que está en nuestra mano por aquellos que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida. Todo. Sin medias tintas. Sin mediocridades. Anteponiendo las necesidades de los demás a nuestras propias necesidades y a nuestros propios intereses. Como en esta ocasión los discípulos compartieron todos los alimentos que tenían, sin reservarse para ellos nada con lo que poder comer.
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