Encontrar nuestro lugar

Es bueno que todos encontremos nuestro propósito en la vida; y que conociendo bien qué es lo que nos mueve -cuál es nuestra razón de ser- busquemos hasta encontrar ese hueco en el mundo en el que sentir que estamos donde debíamos estar.

Las personas somos todas diferentes. Tanto, tanto, tanto, que cada uno de nosotros somos únicos: unos somos inteligentes, otros somos bondadosos, unos somos guapos, otros somos del montón, unos somos extrovertidos, otros somos tímidos, unos somos sensibles, otros somos atolondrados, unos sabemos escuchar y otros hablamos más de la cuenta.

Además, cada uno estamos rodeados de distintas circunstancias que condicionan enormemente nuestra manera de ver y de enfrentar la vida: el momento histórico en el que nacemos, el país y el clima en el que vivimos, la familia en la que nacemos, la situación económica en la que nos hemos criado o el tipo de educación que hemos recibido.

Sin embargo, pese a lo diferentes que somos unos de otros y lo distinto que pensamos, parece que la sociedad en la que vivimos nos marca un camino preestablecido que de alguna manera nos invita a seguir: es como si al final de cada etapa de nuestra vida la sociedad nos arrastrase a dar el siguiente paso, el que supuestamente nos toca. Paso que no tiene por qué encajarnos a todos y que no tenemos por qué dar. Aunque la mayoría de las personas que nos rodean se dejen arrastrar y lo den.

Deberíamos -creo yo- ser valientes y romper siempre que nos parezca oportuno con unos patrones que demasiadas veces son un corsé que nos corta las alas. Y vivir con mucha más libertad y mucho más al margen del qué dirán. Y concedernos espacio para equivocarnos, sin que eso suponga un drama ni un fracaso. De todas las experiencias podemos aprender y todas ellas nos pueden ayudar a crecer.

Lo importante es que tengamos claro el porqué de lo que hacemos. O el para qué. Cuál es el objetivo final de lo que hacemos. Y buscar hasta encontrar nuestro lugar: esa forma de vivir o de estar en el mundo que más se ajuste a los talentos que cada uno tenemos y a las inquietudes que llevamos en el corazón.

Jesús nos hace una propuesta bastante sencilla: que vivamos nuestra vida desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres.

Es una propuesta que todos podemos hacer nuestra, sean cuales sean las circunstancias en las que vivamos y sean cuales sean los talentos de los que dispongamos. Lo mismo vale para un soltero que un casado que un viudo, para un niño, un joven o un mayor, para un estudiante, un profesional, una persona desempleada o una persona jubilada, para una persona seglar o una persona consagrada, para una persona extrovertida o introvertida.

A todos nos llama Dios a vivir desde el amor. Y si nos llama a todos es porque para todos es posible responder. Todos, haciendo uso de nuestra libertad, podemos decirle que sí… o decirle que no.

Para seguirlo, en la mayor parte de los casos no tendremos que hacer cambios radicales en nuestra vida. Lo que con seguridad tendremos que cambiar radicalmente es nuestra actitud: y tener el corazón vuelto hacia los demás y disposición al servicio 24 horas al día y 7 días a la semana.

Es la sal, eso tan sencillo y tan cotidiano, lo que marca la diferencia de nuestras vidas. Tengamos los talentos que tengamos, tengamos las profesiones que tengamos, o tengamos las circunstancias que tengamos. Y es también la sal lo que más nos hace sentir que estamos acertando con el camino escogido.

La imagen es de 422737 en pixabay

1 comentario

  1. Libres como nos quiere nuestro Padre!!!! Libres para poder amar, Libres para ir contra corriente.
    Marta te abrazo con todo mi cariño

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