
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!»
Evangelio Marcos 4, 35 – 41
Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».
La imagen es de Free – Photos en pixabay
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¿Nos fiamos de Dios?

En ocasiones muchos de nosotros nos comportamos de una manera poco coherente con la fe que decimos profesar. Creemos tener fe e incluso nos atrevemos a decirlo públicamente, pero cuando llega la hora de la verdad, cuando llega el momento de ponerla en valor y demostrarlo, nos comportamos como si no la tuviésemos. Y nos asaltan los miedos y las dudas
No tengáis miedo

La invitación de Jesús a que vivamos sin miedo no es una invitación a la imprudencia, ni a que vivamos «saltando de charco en charco», claro que no. Es una invitación a que vivamos nuestra vida desde la Fe. Con esa Fe práctica que debemos poner cuando nos enfrentamos a situaciones que nos superan y también en las pequeñas grandes cosas del día a día. Porque la Fe – cuando es verdadera – nos hace sentir que vamos por la vida respaldados por el mismísimo Dios Padre, que nos quiere más que a nada y que todo lo puede. ¿Qué más necesitamos para ir sin miedo?.
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