
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará
Evangelio Mateo 10, 17 – 22
Dijo Jesús a sus discípulos: «¡Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará.
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¿De qué se nos pedirá cuentas?

Posiblemente a muchos de nosotros la muerte nos impone mucho respeto. Por miedo a lo desconocido, por un lado, pero también – por qué no decirlo – por miedo a que ese balance que sabemos que se hará al final de nuestra vida, no nos salga demasiado favorable.
Ese balance, esa especie de examen que tendremos que pasar, tendrá una única pregunta. Y la pregunta la sabemos ya: ¿cómo te portaste con los demás? (¿tuviste corazón para ellos?, ¿te preocupaste por ellos?, ¿te ocupaste de sus cosas? …). Uff!!
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