Evangelios noviembre 2019

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

Evangelio Mateo 5, 1 – 12a

Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

La imagen es de Il ragazzo en cathopic

Reflexiones relacionadas

La pobreza

Dios Padre siente una debilidad especial por los hijos que más sufren. Lo mismo, a otro nivel, que nos pasa a los padres de aquí de la tierra: si cualquiera de nosotros tenemos varios hijos y uno de ellos tiene mala salud, o algún otro problema serio, es ese el hijo que tenemos permanentemente en el pensamiento y al que más se nos va el corazón, aún sin quererlo. Es lo que le pasa a Dios, pero en mayor medida, puesto que su capacidad de amar es muchísimo mayor que la nuestra. Y como lo cierto es que la pobreza se traduce en tanto sufrimiento para quien la padece,  estas personas son debilidad de Dios.

Limpieza de corazón

En los últimos días he oído varias veces una frase muy extendida entre nosotros y que a mí personalmente me horroriza: «piensa mal y acertarás». ¡Ahí es nada!. Toda una invitación a desconfiar y a pensar mal del otro por sistema y a no concederle siquiera el beneficio de la duda.   

Todo lo contrario a lo que nos enseñó Jesús

Así se nos medirá

Cuando Dios nos valore las reglas serán distintas de las que tenemos aquí en la tierra. Nos medirá con la medida que nosotros hayamos medido a los demás a lo largo de nuestra vida: Dios será comprensivo con aquellos que fueron comprensivos, será generoso con aquellos que fueron generosos y será misericordioso con aquellos que fueron misericordiosos. Por el contrario será extremadamente riguroso con quienes fueron extremadamente rigurosos, no perdonará a quienes no perdonaron y no tendrá piedad con quienes no tuvieron piedad de sus hijos. Y ese criterio es el que es realmente justo; es algo que sería a todas luces imposible de implantar aquí en la tierra como sistema de medida, pero que sí que es posible para Dios

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