Evangelio del día septiembre 2019

«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Evangelio Mateo 9, 9 – 13

Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

La imagen es de pexels en pixabay

Reflexiones relacionadas

Misericordia quiero y no sacrificios

Quienes tenemos Fe y somos de naturaleza agradecida, muchas veces sentimos como un «tirón» hacia Dios, ganas de darle las gracias por tanto como nos conforta, por tanto como nos cuida y por tanto como nos da. Y sentimos también ese deseo como de «corresponderle», en la medida que esté en nuestra mano.

Tratar de corresponder a Dios es algo que en principio parece un disparate. Por nuestra pequeñez frente a Él y por el «cómo» … ¿qué podemos hacer nosotros por un Dios que es infinito y que todo lo puede?

Nuestros prejuicios

Cuando conocemos a una persona que nunca antes habíamos visto, con un primer vistazo la encasillamos atendiendo tan solo a su aspecto exterior: su físico, su ropa, su peinado y su gesto. Si no se trata de una persona a con la que nos cruzamos sin más, sino que tenemos la oportunidad de escucharla o de intercambiar unas palabras con ella,  reajustamos nuestra impresión atendiendo a sus palabras, su educación, su talante y su actitud. 

Ese primer juicio lo hacemos en apenas unos minutos. Y lo hacemos con una mirada – la nuestra – llena de prejuicios y sin conocer ni mucho ni poco a la persona a la que de alguna manera estamos juzgando: sin saber cómo es, ni qué cosas son importantes para ella, si tiene un buen o mal día, si lleva prisa o si está triste

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