Evangelio del día septiembre 2019

Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío

Evangelio Lucas 14, 25 – 33

Mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

La imagen es de pexels en pixabay

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¿Qué es negarse a uno mismo?

Cuando Jesús nos dice que debemos negarnos a nosotros mismos, a lo que nos está invitando es a anteponer las necesidades de los demás a nuestras propias necesidades, apetencias o conveniencias. 

Y cuando nos invita a perder nuestra vida por su causa, nos está llamando a llevar una vida coherente con la fe y los valores que decimos tener. Lo que, en ocasiones, no resulta fácil ya que esa coherencia puede dejarnos en mala posición:  defender al débil frente a un poderoso que también a nosotros puede hacernos daño, denunciar una situación de injusticia con la que podemos jugarnos el puesto de trabajo, defender al más impopular corriendo el riesgo de provocar ese rechazo también hacia nosotros … los ejemplos podrían ser numerosísimos. La invitación de Jesús, en cualquier caso, es clara: debemos perder lo que haga falta por defender las ideas del Evangelio.

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