Evangelio del día Imagen agosto 2019

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna

Evangelio Mateo 19, 23 – 30

Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos». Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo». Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».

La imagen es de katrina_S en pixabay

Reflexiones relacionadas

La riqueza

La riqueza es una circunstancia que en sí misma no es ni buena ni mala: lo que es bueno o malo es el corazón de quien la posee. Un rico de buen corazón, gracias a su riqueza, puede pasar por la vida remediando muchos problemas y estrecheces.

Siendo esto así, ¿por qué entonces Jesús previene tantas veces sobre la riqueza en el Evangelio?   

Recompensas

Jesús nos invita a vivir desde el amor. Desde el amor a Dios y el amor a los hombres. Un amor verdadero, desinteresado, que regalemos sin buscar nada a cambio:

Porque si, cuando hacemos algo por los demás, buscamos que reconozcan nuestros méritos, nos deban un favor o, simplemente, nos correspondan, eso no es amor. Es interés.

Porque si, cuando hacemos algo por los demás, buscamos construirnos una determinada imagen y que nos consideren, nos alaben o nos admiren, eso no es amor. Eso es hipocresía.

Porque si, cuando hacemos algo por los demás, buscamos que Dios también haga algo por nosotros, eso no es amor. Eso es chantaje.

El amor no debe buscar remuneración: tan solo debe buscar el ver al otro atendido. Sin más. Y sin menos.

Eso no quita para que ese vivir para los demás tenga consecuencias positivas para quien así vive. Que, desde luego, las tiene, y no son precisamente menores

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