
Al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron
Evangelio Mateo 12, 14 – 21
Al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones»
La imagen es de StockSnap en pixabay
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Astucia

Buenos y malos convivimos mezclados en nuestra sociedad: en nuestros trabajos, en nuestros vecindarios, en nuestras aulas, e incluso en nuestras familias; de la misma manera que a lo largo de su vida crecen, mezclados, el trigo y la cizaña.
Quienes no son buenos, en un primer momento pueden engañar al resto. Pero antes o después termina viéndose que son lobos, cuando tras su piel de cordero asoma el egoísmo, la tiranía, la ambición o el orgullo y demuestran lo poco que les importa si con su comportamiento o sus decisiones, quienes les rodean salen o no mal parados
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