Evangelio apc Alambrada

Es algo muy común entre nosotros el ponernos siempre en primer lugar y movernos por la vida dando prioridad a nuestras necesidades, nuestros intereses y nuestras apetencias, dejando en un segundo plano las necesidades, intereses y apetencias de quienes nos rodean.   

Este comportamiento no es nada nuevo y ser egoísta ya era lo más habitual en tiempos de Jesús. Por eso, cuando empezó a predicar y a invitarnos a vivir los unos para los otros su propuesta resultó tan rompedora. Tan rompedora, tan rompedora que algunos religiosos poderosos de entonces se dieron cuenta de que esa propuesta, si empezaba a ser aceptada por el pueblo, pondría en peligro sus privilegios y su posición, por lo que enseguida planearon matarlo. Felizmente, también enseguida empezaron a seguirlo muchos de aquellos que tuvieron la oportunidad de escucharle, de verle actuar o de convivir con él: personas limpias de corazón que creyeron en sus palabras y empezaron a hacer del amor su estilo de vida.

La propuesta de Jesús sigue siendo igualmente rompedora a día de hoy, en que lo más habitual sigue siendo que las personas vayamos cada una «a lo nuestro»;  y lo que sientan los demás o los problemas que puedan tener no nos importan nada. O nos importan, siempre y cuando no afecten a nuestros propios intereses.

Afortunadamente, aunque sea una minoría, también hay gente buena siempre dispuesta a echar una mano.

Quien trata de vivir en el amor desde su quehacer diario vive una vida, aparentemente, igual que la del egoísta: uno y otro pueden vivir pegándose los mismos madrugones para ir a trabajar, teniendo las mismas responsabilidades profesionales, con las mismas obligaciones domésticas, los mismos quehaceres, las mismas preocupaciones  … vistas desde fuera, posiblemente no se distinguiría excesivamente una vida de la otra. Sin embargo son dos vidas que nada tienen que ver: porque el que vive en el amor desde su quehacer diario aún viviendo en el mundo está fuera del mundo y esos madrugones, quehaceres y preocupaciones los vive desde la paz, la felicidad y la seguridad de que donde él no llega, llega Dios. Juega, de hecho, en una liga que el egoísta no es capaz ni de sondear.

Pasar del «primero yo, después yo y luego yo» a una vida hacia los demás no es fácil. El primer paso es querer, pero lo siguiente es una carrera de fondo que dura toda la vida, en la que hay que ir avanzando paso a paso sin atajos. Y en la que hay que atravesar etapas difíciles en las que la coherencia nos obligará a tomar decisiones complicadas,  como será el ir sacando de nuestra vida todo aquello que nos demos cuenta que son obstáculos de distinta naturaleza que nos impiden avanzar (hábitos, trabajos, personas …).

Jesús hila fino. Y conociendo esa tendencia que tenemos las personas al egoísmo (y a la vanidad) incluso cuando hacemos cosas buenas, nos invita a tratar de movernos exclusivamente por amor:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de nuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». (Evangelio Mateo 6, 1 – 4).

La imagen es de SP2Zsolt en pixabay

3 comentarios

  1. RECETA: Cuando alguien nos llama o pide ayuda caben tres respuestas: 1ª, no hacer caso; 2ª, contestar diciendo «luego te atiendo porque ahora no puedo»; 3ª, dejar lo que estoy haciendo, atender la llamada y volver a continuación a mi actividad. En la vida de cada día, en la casa o en el trabajo, esta tercera respuesta, aunque no lo parezca, casi siempre es posible, y resulta un una buena medicina para combatir el egoísmo.

  2. Así es, Marta. Estamos heridos por el pecado original; de ahí nuestra inclinación al egoísmo. Pero la sangre derramada por Jesucristo en la cruz es nuestra Redención! Es por su Gracia y su perdón que podemos ser instrumentos de su Amor. Es Jesucristo quien nos transforma el corazón de piedra en un corazón de carne. Es ÉL quien nos inspira el deseo de amar, ÉL quien lo sostiene, ÉL quien lo acompaña.
    Todo es GRACIA.
    A Dios sea toda la gloria y la honra.

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