«Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»
Evangelio del día 1 de marzo de 2026 – Evangelio Mateo 17, 1 – 9
En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».
La imagen es de beasternchen en pixabay
Reflexiones relacionadas
El poder de la oración

Relacionarnos con el Padre es algo que también está a nuestro alcance. Pero muchos de nosotros no llegamos a tener verdadera intimidad con Él. Quizás porque vamos a la oración como el que escribe la carta a los Reyes Magos, quizás porque nos enfrentamos a la oración como si fuera una tarea más de esas que nos forzamos a hacer en el día o quizás porque no tenemos una vida orientada a los demás y no estamos en sintonía con ese Dios que es el Amor. No lo sé. Pero la cosa es que nos perdemos algo que tiene un valor incalculable.
¡Qué bueno es que estemos aquí!

Uno de los pasajes, en mi opinión, más extraordinarios del Evangelio es el que relata cómo Jesús se aparta a un monte a orar, se transfigura y conversa con Moisés y Elías, quienes comienzan a preparar su corazón para la pasión que iba a vivir. También se hizo presente en el encuentro el mismísimo Dios Padre. Y todo ello tuvo lugar en presencia de tres de los apóstoles: Pedro, Santiago y Juan.
Deja una respuesta