Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza
Evangelio del día 31 de enero de 2026 – Evangelio Marcos 4, 35 – 41
Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».
La imagen es de StockSnap en pixabay
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Tempestades

Que la vida da muchas vueltas es algo de todos conocido. ¿Quién no ha sentido en primera persona lo fácil que es que una vida estable de repente se desequilibre? Con tan solo un cambio en algo importante, nuestro pequeño mundo se puede desmoronar sin más. Un día las cosas van bien en casa y al día siguiente está todo manga por hombro porque un miembro de la familia ha sido ingresado en el hospital. O un día nos va bien en el trabajo y al día siguiente nos sentimos casi en la puerta de salida porque nos cambian de jefe o se anuncia una fusión.
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