En la Última Cena, sabiendo que estaban ya a punto de prenderle para darle muerte, Jesús repasa los aspectos más importante de su doctrina y deja a los suyos, casi a modo de despedida, algunos consejos.
Uno de ellos fue En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo. Consejo que, a buen seguro, también nos está dando hoy a nosotros.
Nos avisa Jesús de que tendremos luchas.
Y, ciertamente, bien que lo estamos viviendo. En una sociedad en la que el cristianismo no está de moda, cuesta mucho vivir según los criterios y la lógica del amor. Pero esta es la sociedad en la que Dios ha querido que vengamos al mundo y en ella es en la que estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo.
Nos invita Jesús a tener valor.
La valentía es eso que nos empuja a luchar por aquello que nos merece la pena y nos mueve a actuar con firmeza a pesar de las dudas o los miedos que podamos tener, sin que nos pesen demasiado las posibles consecuencias que nuestros actos puedan ocasionar.
Es una virtud que se demuestra en los momentos críticos, en los que hay que defender asuntos relevantes. Y se demuestra también en lo pequeño: en las decisiones que vamos tomando en la vida cotidiana y en la actitud con la que enfrentamos nuestros días.
Desde el Cielo se nos invita a ser valientes. Desde el Cielo se nos invita a salir de la mediocridad que nos rodea y a vivir una vida de máximos. Desde el Cielo se nos invita a defender las causas que merecen la pena, se nos invita a defender a los más débiles y se nos invita a defender el Evangelio. Sin preocuparnos demasiado por cubrirnos las espaldas. Confiando, más bien, en ese Dios que todo lo puede y que es, sobre todo, nuestro Padre
¿Cómo es posible que malgastemos tanto tiempo construyendo seguridades aquí en la tierra en lugar de invertirlo en vivir desde el amor y acumular así tesoros para el Cielo?
Jesús nos hace ver que Él venció al mundo. Y nosotros también podemos hacerlo.
Él venció al mundo porque supo llevar una vida coherente con la doctrina que había venido a predicar. Él venció al mundo porque supo defender la verdad hasta el final; y por defenderla dió hasta la vida.
Pudo no parecerlo entonces, cuando dijo aquellas palabras en esa última cena que compartió con los suyos antes de ser prendido, torturado y clavado en una cruz. Pero lo cierto es que hoy es indiscutuble que Jesús venció al mundo. Y gracias a ese logro, hoy, siglos más tarde, es el modelo y la inspiración de millones de cristianos repartidos por los cinco continentes.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre». Le dicen sus discípulos: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios». Les contestó Jesús: «¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo»
Evangelio Juan 16, 28 – 33
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Gracias Marta, hoy me das mucha luz.