«Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes»
Evangelio del día 20 de octubre de 2025 – Evangelio Lucas 12, 13 – 21
En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».
Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».
La imagen es de congerdesign en pixabay
Reflexiones relacionadas
En la prosperidad y en la adversidad

En las etapas de prosperidad económica, especialmente si son muy prolongadas en el tiempo, corremos el riesgo de venirnos arriba y sentir que nos va bien porque nos lo merecemos. Corremos el riesgo de creernos que nuestros éxitos se deben exclusivamente a nuestros méritos. Corremos el riesgo de que la soberbia se adueñe de nuestro corazón. Y corremos también el riesgo de que el dinero se convierta en el señor al que empecemos a servir. Yo no entiendo demasiado bien por qué el dinero y el poder tantas veces roban el corazón y envilecen a las personas, pero lo he visto en ocasiones y, sobre todo, se que fueron muchas las veces en las que Jesús advirtió sobre ello.
Deja una respuesta