«En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello»
Evangelio del día 5 de mayo de 2025 – Evangelio Juan 6, 22 – 29
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».
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¿Nos mueve el interés?

En el mundo que nos ha tocado vivir no abunda demasiado la generosidad. Más bien predomina el individualismo y el egoísmo: las personas nos preocupamos fundamentalmente de nosotros mismos y nos ocupamos cada día de tratar de satisfacer nuestras necesidades, nuestros intereses y nuestros deseos; estando éstos muy por delante, por supuestísimo, de las necesidades, los intereses y los deseos de quienes nos rodean.
A veces hacemos cosas por los demás, claro que sí. Pero en ocasiones, incluso cuando hacemos cosas por ellos, no es el amor hacia el otro lo que nos guía, sino que más bien nos mueve el quedar bien ante sus ojos, el quedar bien ante los ojos de los demás o el esperar algo a cambio: nos mueve el interés.
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