«No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores»
Evangelio del día 21 de septiembre de 2024 – Mateo 9, 9 – 13
En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
La imagen es de pexels en pixabay
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Cuando conocemos a una persona que nunca antes habíamos visto, con un primer vistazo la encasillamos atendiendo tan solo a su aspecto exterior: su físico, su ropa, su peinado y su gesto. Si no se trata de una persona a con la que nos cruzamos sin más, sino que tenemos la oportunidad de escucharla o de intercambiar unas palabras con ella, reajustamos nuestra impresión atendiendo a sus palabras, su educación, su talante y su actitud.
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