Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

Evangelio del día 29 de enero de 2022 – Marcos 4, 35 – 41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

La imagen es de Alicja en pixabay

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Tempestades

Tempestades

Que la vida da muchas vueltas es algo de todos conocido. ¿Quién no ha sentido en primera persona lo fácil que es que una vida estable de repente se desequilibre? Con tan solo un cambio en algo importante, nuestro pequeño mundo se puede desmoronar sin más. Un día las cosas van bien en casa y al día siguiente está todo manga por hombro porque un miembro de la familia ha sido ingresado en el hospital. O un día nos va bien en el trabajo y al día siguiente nos sentimos casi en la puerta de salida porque nos cambian de jefe o se anuncia una fusión.

Son, muchas veces, episodios imprevisibles, que generan tempestades que nos hacen tomar conciencia de que realmente no tenemos la vida controlada. Episodios que a muchos de nosotros nos hacen entrar en pánico.

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