«Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban»

Evangelio Mateo 6, 19 – 23

Dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! «

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Un rico de buen corazón, gracias a su riqueza, puede pasar por la vida remediando muchos problemas y estrecheces.

Siendo esto así, ¿por qué entonces Jesús previene tantas veces sobre la riqueza en el Evangelio?   

Los sudarios no tienen bolsillos

Bolsillo y dinero

La referencia a que los sudarios no tienen bolsillos no es original mía; se la oí en cierta ocasión al papa Francisco. Y me gustó tanto que la he recordado con frecuencia y hoy se la cojo prestada como título para este post; porque ilustra muy bien que cuando terminen nuestros días aquí en la tierra no nos llevaremos con nosotros ni el dinero ni los bienes materiales de los que hayamos podido disfrutar aquí.

El hecho de que a la otra vida no nos llevaremos bienes materiales es algo que todos sin excepción tenemos claro. Clarísimo. Siendo esto así, ¿cómo es posible que tantos de nosotros nos esforcemos hasta el absurdo por acumular, acumular y acumular?

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