
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies
Evangelio Mateo 5, 33 – 37
Dijo Jesús a sus discípulos: «También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»
La imagen es de John – Mark Smith en pexels
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El valor del respeto

Muchos de nosotros nos hemos convertido en inquisidores de lo que hacen los demás; de quienes tenemos más o menos cerca y, por supuesto, de quienes son figuras públicas. Opinamos y descalificamos sin ningún respeto e incluso sin tener muchas veces suficiente información como para hacer valoraciones, contribuyendo con ello no sólo a su desprestigio, sino también a calentar el ambiente para que otros, siguiendo nuestros pasos, se sumen a las críticas.
Y nos quedamos tan a gusto. Y no nos remuerde la conciencia, entre otras cosas, porque «despellejar» a otros casi se ha convertido en el deporte nacional: es una práctica tan habitual que la vemos normal e incluso correcta. Es lo que hay
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