
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna
Evangelio Mateo 5, 27 – 32
Dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna. Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.»
La imagen es de John – Mark Smith en pexels
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Son muchas las circunstancias en nuestra vida que nos vienen dadas y que, de hecho, condicionan enormemente nuestra manera de pensar y nuestra manera de ser: el momento histórico en el que nacemos, la familia en la que venimos al mundo, el país en el que nos criamos, la educación que recibimos y el ejemplo que nos dan nuestros mayores, son algunas de ellas.
Pese a esas circunstancias que, efectivamente, no escogemos, todos nosotros tenemos mucha capacidad de elección. Y, si bien es cierto que no todos tendremos, por ejemplo, las mismas oportunidades profesionales, sí que todos podemos llegar a ser el tipo de persona que nos propongamos ser
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