
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.
Evangelio Marcos 12, 35 – 37
Mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.
La imagen es de John – Mark Smith en pexels
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Enseñar con autoridad

Jesús habitualmente explicaba su doctrina de una manera clara y sencilla, de manera que pudiera ser entendida por cualquier persona que tuviera abierto el corazón. Para explicarse se apoyaba en las escrituras – que conocía como nadie – y se dejaba inspirar por el Padre. Sin opiniones, sin tradiciones de hombres, sin florituras. Seguro. Con la verdad en estado puro. Quienes le escuchaban con buena disposición sentían en su interior que aquello era la verdadera doctrina, que aquello daba sentido a una vida, que aquello era lo que andaban buscando. ¡Cómo no iban a sentir que hablaba con autoridad!
Su autoridad era tal, que hasta los demonios le obedecían.
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