
Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil
Evangelio Mateo 26, 36 – 42
Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil». De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
La imagen es de John – Mark Smith en pexels
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Las tentaciones

Todos nosotros sentimos tentaciones a lo largo de nuestra vida. En algunas ocasiones puntuales somos tentados con cosas que sabemos que están realmente mal; pero habitualmente con lo que somos tentados es con cosas más sutiles, que tan solo suponen pequeñas desviaciones de lo que sentimos que es el camino correcto y en las que es facilísimo caer. Debemos estar atentos y no despistarnos. Porque si caemos, detrás de la primera pequeña desviación vendrá la segunda; y casi sin que nos demos cuenta se presentará la tercera
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