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«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»

Evangelio Marcos 9, 30 – 37

Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado»

La imagen es de Free – Photos en pixabay

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La virtud de la paciencia

Paciencia

La paciencia es esa virtud que tienen quienes se enfrentan a las adversidades con fortaleza y sin lamentarse y que saben, también, esperar.

Es una virtud muy valiosa. Buena para aquellos que la poseen, porque es generadora de paz, y mejor aún para los que les rodean quienes, lejos de recibir juicios y reproches por sus faltas, sienten comprensión ante sus debilidades.

Superar nuestros defectos

Si miramos a Jesús como modelo a imitar, en ocasiones podemos sentirlo como algo inalcanzable, porque lo cierto es que siempre llevó una vida ejemplar. De la primera etapa de su vida, de esa que vivió en familia, poco nos ha quedado recogido en el Evangelio. Pero de los tres años que duró su vida pública es mucho lo que conocemos. Y si nos fijamos en que dejó todo para ir a predicar su mensaje, si nos fijamos en que ni siquiera tenía un sitio fijo en el que descansar por las noches, si nos fijamos en que siempre le movió un corazón misericordioso y si nos fijamos en que siempre, siempre, siempre fue bueno, podemos sentir su disposición y su compromiso lejos de nuestro alcance. Porque a nosotros, a unos más y a otros menos, nos pesan los errores que ya hemos cometido y nos pesa el sabernos con tantos defectos.

Sin embargo no nos ocurre lo mismo cuando miramos a esos a quienes Jesús escogió como sus íntimos, para dar continuidad a la labor que él comenzó

Volver a ser niños

Dejad que los niños se acerquen a Mí

En un momento en el que la religión se mostraba tan llena de preceptos y rigideces que la hacían casi inaccesible, aparece Jesús presentando una doctrina al alcance de todos, que puede resumirse en algo tan sencillo como el amor a Dios y el amor a los hombres.

Y la presenta acompañada de unos criterios que nada tienen que ver con los que rigen las reglas del mundo: mientras que en el mundo solemos valorar a las personas por lo que tienen, por lo que aparentan o por lo que podemos conseguir de ellas, Jesús se muestra especialmente cercano a las personas menos relevantes a los ojos de los hombres. Entre las que, por supuesto, se contaban los niños

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