Evangelio del día Octubre 2019

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá

Evangelio Lucas 12, 39 – 48

Dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; 48 pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

La imagen es de Pexels en pixabay

Reflexiones relacionadas

¿De qué se nos pedirá cuentas?

Posiblemente a muchos de nosotros la muerte nos impone mucho respeto. Por miedo a lo desconocido, por un lado, pero también – por qué no decirlo – por miedo a que ese balance que sabemos que se hará al final de nuestra vida, no nos salga demasiado favorable.

Ese balance, esa especie de examen que tendremos que pasar, tendrá una única pregunta. Y la pregunta la sabemos ya: ¿cómo te portaste con los demás? (¿tuviste corazón para ellos?, ¿te preocupaste por ellos?, ¿te ocupaste de sus cosas? …). Uff!!      

Recompensas

Es bien conocido que todos tendremos un juicio al final de nuestros días. Juicio en el que, tan solo por el amor que hayamos sido capaces de regalar, seremos juzgados. La recompensa para aquellos que hayan pasado por la vida haciendo el bien será nada menos que el Paraíso: una vida eterna, donde no habrá ya enfermedades, ni penas, ni dolor, ni muerte. Una vida en el Amor. Una vida tan sumamente plena, que difícilmente podemos ni tan siquiera atisbar con nuestras capacidades humanas.

No os conozco

Puerta cerrada

En la sociedad en la que vivimos se ha impuesto una permisividad alarmante, en la que los límites que separan el bien del mal han quedado bastante diluidos. Y parece que mientras no hagamos mal al de al lado, todo vale.

Pero lo cierto es que conformarnos con no hacer mal al otro está lejos del cristianismo. Tan lejos, tan lejos, tan lejos, que en el Juicio Final será castigado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.