Evangelio del día Octubre 2019

Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación

Evangelio Lucas 11, 1 – 4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».

La imagen es de Pexels en pixabay

Reflexiones relacionadas

Nuestro trato con Dios Padre

La relación con el Padre, en mi opinión, debemos cultivarla igual que cualquier otra: ¿no nos ocupamos de llamar a nuestros amigos, o a nuestros hermanos o a nuestros padres para charlar con ellos, para estar con ellos, para que nos aconsejen, para contarles nuestras cosas y para que ellos nos cuenten las suyas? Hay un refrán español que dice que «el roce hace el cariño» … y yo la verdad es que lo veo también muy aplicable a la relación con Dios. ¿Por qué no tratarnos habitualmente con Él?

Confianza en la oración

Dios es padre. Y como tal, le gusta que acudamos a Él para hacerle partícipe de nuestra vida. Para contarle de nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras preocupaciones, nuestras inquietudes y para, simplemente, estar en su compañía. Es verdad que Él lo sabe todo de nosotros, conoce nuestros corazones, conoce nuestras limitaciones y conoce lo que necesitamos. Pero como padre le gusta que acudamos a Él, que nos consolemos con Él y que confiemos en Él. Y cuanto más partícipe le hacemos de nuestra vida, más activamente participa de ella

El perdón

A muchos de nosotros nos cuesta pedir perdón. Posiblemente porque nos obliga a reconocer que hemos hecho las cosas mal.

Y, si nos cuesta pedir perdón, aún más nos cuesta perdonar. Perdonar de verdad, de corazón, olvidando la faena o la ofensa hecha, para hacer «borrón y cuenta nueva» con esa persona que no se portó con nosotros como debiera haberlo hecho

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