
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto
Evangelio Mateo 5, 33 – 37
Dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»
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Nuestras palabras

En nuestra vida cotidiana pasamos mucho tiempo hablando e intercambiando impresiones con otras personas. En ocasiones sobre temas objetivos relacionados con nuestros estudios, con nuestros trabajos o en entornos domésticos. Otras muchas veces, sin embargo, hacemos comentarios o juicios subjetivos que tienen mucho que ver con nuestras opiniones y nuestras emociones y afectan a otras personas.
En muchos casos, frente a una situación, podemos, por ejemplo, disculpar a quien ha cometido un error o criticarle a sus espaldas. Nuestra elección en cada caso vendrá condicionada por lo que tengamos en el corazón. Porque es en él donde tenemos – o no – nuestro tesoro y de donde sacamos las palabras y las emociones con las que actuamos y con las que nos dirigimos a los demás o hablamos de ellos.
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