Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?»

Evangelio Marcos 10, 1 – 12

Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.
Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?». Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?». Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

La imagen es de congerdesign en pixabay

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Astucia

Dios no quiere blandos a los que todo el mundo puede tomar el pelo. No. Dios quiere firmes defensores de su doctrina y de las personas más vulnerables. Como fue Jesús, que en tantas ocasiones tuvo que enfrentarse a los poderosos fariseos para afearles su conducta, tan cercana a sus mundanos intereses y tan distante de aquellos que estaban, por una u otra razón, excluidos de la sociedad

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