Evangelio apc Navidad

A cuatro días de la Navidad, un año más nos encontramos ya inmersos de lleno en esta especie de misión imposible en la que se ha convertido el cuadrar agendas para poder celebrarla en encuentros con familia, amigos y compañeros. Encuentros siempre en torno a una mesa, siempre acompañados de regalos, de un espíritu amable y de buenos deseos.

Son días que habitualmente compartimos con las personas que más queremos y que para muchos de nosotros resultan muy entrañables. Pero también son días especialmente difíciles para quienes sienten con más fuerza que de costumbre las ausencias de quienes ya no están o la soledad.

En cualquier caso, ni aquellos que disfrutamos de estos días ni aquellos que, desafortunadamente, los sufren, debemos olvidar el verdadero sentido de la Navidad, porque es algo que trasciende, con mucho, las luces, los regalos, los buenos deseos y los encuentros con las personas a las que queremos.

En Navidad celebramos el aniversario del nacimiento de Jesús. Un nacimiento que cambió el curso de la historia de la humanidad y que fue posible gracias a una inmensísima generosidad:

Generosidad del mismísimo Dios Padre, que renunció a su Hijo para que viviera como un hombre más, entre nosotros, una vida corta e intensa en la que tendría muchas alegrías pero también mucho dolor.

Generosidad de Jesús, que renunció a continuar junto al Padre para nacer tan pequeño, tan hombre, tan frágil y tan vulnerable como cualquiera de nosotros.

Generosidad por parte de María, quien dio su «sí quiero» al ángel Gabriel despreocupándose por completo de sí misma, del qué dirán y de cómo se las arreglaría para poder salir adelante.

Generosidad por parte de José, quien aceptó a María ya en estado y cuidó de ella y de ese Jesús al que quiso como suyo hasta el fin de sus días.

Gracias a ese Nacimiento fue posible que Jesús nos trajera la Verdad y nos enseñara a vivir desde el amor; amor a Dios y amor a los hombres. Nos ofreció con ello dar sentido a nuestra vida y nos dio, también, la llave que facilita el vivir una vida plena y feliz. Y cambió sin duda el curso de la historia puesto que hoy, siglos más tarde, su doctrina sigue transformando nuestros corazones y nuestras vidas.

Tenemos por tanto razones para sentirnos queridísimos e importantísimos para el Cielo. Todos nosotros. Sí, a pesar de que muchos estemos bien lejos de ser merecedores de tantísima generosidad.

Es momento de comenzar a vivir –  si no lo hacemos ya – desde un profundo agradecimiento por tanto. Merece muchísimo la pena que hagamos un esfuerzo para tratar de poner en valor todas esas cosas buenas que rodean nuestra vida. Para apreciarlas como el tesoro que son y disfrutar intensamente de ellas mientras las tengamos con nosotros. Y tratar de vivir nuestra vida desde un estado de profundo agradecimiento a Dios.

Es momento de tomar conciencia de esa grandeza de Dios y de vivir  – si no lo hacemos ya – como niños, conscientes de nuestra pequeñez, de nuestra impotencia y de que nos sostienen los brazos del Padre.

Es momento de comenzar a vivir – si no lo hacemos ya – contra corriente. Sin dejarnos llevar por ese entorno que nos rodea que tanta fuerza tiene y por el que es tan fácil dejarse arrastrar. Y que frente a la ola de consumo descontrolado que nos rodea estos días sepamos dar a la Navidad su verdadero sentido, poniendo en el centro a ese Jesús que – aunque parezca increíble – estos días es, en muchos casos, el gran olvidado.

Ojalá sepamos tener muy presente qué es lo que da a la Navidad su verdadero sentido y no perdamos de vista ni por un segundo que eso que de verdad importa ha de seguir siendo esencial en nuestra vida también cuando estos días hayan terminado y de comienzo de nuevo la vida ordinaria, que podemos y debemos seguir viviendo con un corazón extraordinario.

Feliz Navidad

La imagen es de javier en cathopic

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.