Evangelio apc Chica sobre rascacielos

Hace unos días leía este tuit de @jmolaizola:

«Como esperemos a tener todas las seguridades, todas las estrategias, todos los escenarios y todas las respuestas no saldremos jamás al camino»

Y no puedo estar más de acuerdo. Porque muchos de nosotros buscamos en exceso la seguridad, la estabilidad, el tenerlo todo más o menos controlado y el saber – en la medida de lo posible – lo que va a pasar. Es en ese  escenario con el que nos sentimos cómodos, con el que dormimos tranquilos. Y es el escenario en el que fácilmente tomamos decisiones y asumimos sus consecuencias.  

Conseguir tener controlado – razonablemente controlado – el corto plazo en los temas más de andar por casa, más relacionados con el día a día, es relativamente fácil, si bien sabemos que contamos con cierto grado de incertidumbre. Un grado de incertidumbre que podemos asumir sin problema cuando tenemos que tomar decisiones, cuando tenemos que «salir al camino«.

Sin embargo, conseguir tener controlado – razonablemente controlado – el medio o largo plazo es mucho más difícil. Porque muchas de las cosas que condicionan nuestras vidas no dependen de nosotros. ¿Cómo saber si a medio plazo seguiremos gozando de buena salud, o si seguirán gozando de ella nuestros padres o nuestros hijos?, ¿cómo saber si nuestro medio de vida podrá seguir siendo el que tenemos ahora?, ¿cómo saber si habremos atravesado decepciones, desamores, frustraciones o situaciones que puedan condicionar sensiblemente nuestro estado de ánimo y a lo que aspiramos en la vida?, ¿cómo saber…? En el medio o largo plazo el grado de incertidumbre que tenemos es alto. Y decidir «salir al camino» conlleva unos riesgos que tenemos que querer asumir.

Para colmo, ese alto grado de incertidumbre que siempre ha estado ahí, lo cierto es que en los últimos años se ha hecho mucho mayor. O, al menos, yo lo percibo como mucho mayor. Porque parece que con la llegada de Internet a nuestras vidas hemos entrado en un cambio de era que hace que el mundo gire más deprisa. Y tanto es así que en tan solo unos años hemos cambiado la forma en la que nos relacionamos – tanto con otras personas como con las máquinas – hemos cambiado la forma en la que nos divertimos, hemos cambiado la forma en la que accedemos a la información y la facilitamos, hemos cambiado la forma en la que trabajamos y estamos viendo cómo desaparecen profesiones de siempre a la misma velocidad que aparecen profesiones nuevas. Y estamos presenciando también cómo el mundo se ha convertido en un escenario mucho más global, en el que todo está interrelacionado.

¿Cómo no va a imponernos respeto – y mucho – tomar decisiones importantes y «salir al camino»?

Este nuevo mundo está aquí para quedarse. Y debemos aspirar – creo yo – no sólo a adaptarnos a él sino a sentirnos cómodos con él. E incluso creo que debemos aspirar a disfrutar con él. Porque es un privilegio esto que estamos teniendo la suerte de vivir en primera persona: es un momentazo apasionante que dentro unos años se recogerá en los libros de historia.

A los cristianos – y a quienes aspiramos a serlo – Dios no nos saca del mundo: nos quiere dentro de él. Y en él quiere que florezcamos, rodeados de todas sus bondades y rodeados también de todas sus miserias. Sin que podamos tenerlo todo controlado. Corriendo riesgos.

Afortunadamente, pese a lo cambiante del mundo hay algo que siempre estuvo ahí, que sigue estando ahora y que siempre seguirá estando, pase lo que pase: y ese algo es ese «dos en uno» que Jesús nos dio a conocer: que podemos contar con un Dios Padre en el Cielo, que nos quiere más de lo que podemos imaginar y que todo lo puede; y que debemos de ocuparnos de los demás.

Son pilares en los que asentar la vida; pilares inamovibles que seguirán ahí por inciertas que puedan ser las cosas a nuestro alrededor; pilares que nos dan esa estabilidad que andamos buscando donde no la vamos a encontrar; pilares que dan a la vida todo su sentido.

La Fe aminora – y de qué manera – los miedos. Y, de la mano del Padre, correr riesgos y «salir al camino» deja de ser difícil. Simplemente, hay que querer hacerlo.

La imagen es de Alexas_Fotos en pixabay

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