Muchos de los condicionantes más importantes de nuestra vida nos vienen dados. Ninguno de nosotros podemos escoger el momento histórico en el que nacemos, de la misma manera que no podemos escoger ni el país ni la familia en la que venimos a este mundo. Y son tres condicionantes importantísimos que sin duda alguna influyen en las oportunidades que tenemos, influyen sobre nuestra ideología e influyen en la forma en la que vemos el mundo y miramos a las personas.
Pero no es menos cierto que, dentro de ese marco, todos tenemos mucho margen para elegir y todos podemos optar por acoger la vida.
Acoger la vida es vivir tratando de aprovechar las oportunidades que se nos van presentando. Todos, sin excepción, tenemos oportunidades, si bien es cierto que éstas están repartidas de manera muy desigual entre nosotros. En nuestra mano está tratar de aprovechar las que cada uno tenemos o dejarlas pasar, esperando a que otros nos las sirvan en bandeja o esperando a se presenten otras mejores. ¿Cuándo aprenderemos a vivir conscientes de que nuestro tiempo en este mundo es limitado y que cada día es una oportunidad única que debemos aprovechar para lo que de verdad importa?
Acoger la vida es vivirla con una actitud optimista. Conscientes de todo lo que no está bien, claro que sí. Pero agradecidos por tanto como se nos ha regalado, identificando retos donde otros ven problemas, creciéndonos ante las dificultades, siendo valientes, buscando soluciones para los problemas que se nos van presentando tanto a nosotros como a las personas que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida. El optimismo es algo tremendamente valioso para quien así vive y es también tremendamente valioso para quienes viven a su alrededor, porque tiene mucho de contagioso y contribuye directamente a que esos otros quieran también crecer y superarse.
Acoger la vida es vivirla con vocación de servicio, desde lo concreto. Siempre remangados. Estamos viviendo tiempos complicados, de mucha inestabilidad, de mucha incertidumbre, de muchas medias verdades, en los que en los que parece que los acontecimientos se suceden cada día más deprisa. Y se hace especialmente importante, creo yo, vivir desde el compromiso. No podemos vivir acomodados, esperando que sean otros quienes nos solucionen los problemas. Debemos ser nosotros, con las muchas limitaciones que tenemos, quienes pongamos nuestro tiempo, nuestro empuje y los talentos que nos fueron regalados desde el Cielo al servicio de los nuestros, de los que no son tan cercanos y de esta sociedad nuestra que tanto se está deteriorando.
Quienes queremos seguir a Jesús y hacer vida su Evangelio también acogemos la vida abrazándola desde la Fe. Seguros de que todo tiene un porqué y un para qué. Remangados y trabajando pero con la confianza puesta en ese Dios que es, sobre todo, Padre.
Nuestra vida, con sus muchas dificultades y sus muchas alegrías, puede y debe ser un viaje apasionante.
La imagen es de Ketut Subiyanto en pexels
Apasionante es leerte cada jueves. Gracias Marta por tanto bien como nos haces. Que Dios te lo pague