Ya casi está llegando a su fin un año difícil en esta querida España nuestra. El año ha sido también muy complicado a nivel mundial. Y muchos de nosotros, a nivel particular, también hemos vivido en una especie de montaña rusa, con más agobios y más problemas de los que nos hubiera gustado.
Parece que, de alguna manera, tener ahí el final del año nos ayuda pasar mentalmente una página y nos ayuda también a sentir que abrimos una página nueva, aún en blanco, en la que todo está por escribir.
A esa nueva etapa podemos acercarnos arrastrando los pies o podemos enfrentarnos con ilusión y con ganas de hacer las cosas mejor. Y nuestra actitud y la disposición de nuestro corazón condicionará enormemente tanto el resultado como lo que vayamos sembrando por el camino.
Antes del fin de año llegará la Navidad y, con ella, una oportunidad preciosísima para dejar que el Niño nazca de nuevo en nuestros corazones.
Quienes no tenemos hechos los deberes del Adviento aún estamos a tiempo de prepararnos para la llegada de Jesús:
Estamos a tiempo de parar para hacer balance y para tratar de escuchar qué es lo que desde el Cielo quieren de nosotros.
Estamos a tiempo de limpiar el corazón y acondicionarlo para recibir al Niño. A tiempo para pedir perdón y a tiempo para arrinconar las miserias que nos impiden tener una mirada limpia y avanzar en el camino del amor.
Estamos a tiempo de poner en valor todo lo bueno que hay en nuestra vida, a lo que tantas veces no damos la importancia que tiene. Tenemos razones para vivir desde un profundo agradecimiento.
Estamos a tiempo de enfocar nuestra mirada y nuestros deseos en lo que de verdad importa, dejando a un lado las ambiciones, los egos y los espejismos del mundo, que tantas veces campan a sus anchas entre nosotros.
Estamos a tiempo de recibir al NIño como se merece. Para dejar que de verdad nazca en nuestro corazón y lo transforme.
Estrenaremos así el nuevo año que pronto llegará con la mejor disposición para vivirlo, tanto en los días de triunfos que seguro tendremos como en los días grises que también llegarán. Todos ellos pueden y deben ser extraordinarios. Porque lo que convertirá cada día en extraordinario será el amor con el que lo vivamos.
Feliz Navidad
Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado». Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Evangelio
Lucas 2, 1 – 19
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Feliz Navidad querida Marta! Gracias por cada una de las reflexiones que con tantísima perseverancia y sobre todo LUZ nos haces cada jueves. Que Dios Padre te siga bendiciendo, que Dios hijo nazca de nuevo esta Navidad en tu corazón y que Dios Espíritu Santo te siga instruyendo e inspirando para tu propio bien y el de todos nosotros ❤️