A muchos de nosotros los ángeles nos parecen seres casi de ciencia ficción; posiblemente porque son criaturas a las que no podemos ver ni podemos tocar. Pero son muchas las veces que en la Biblia  -y en el Evangelio en particular- se habla de ellos y sabemos que han jugado, y siguen jugando hoy, un papel importante en la historia de la salvación. Y están ahí.

Algunas de las intervenciones más relevantes que han tenido los ángeles son conocidas por todos nosotros:

Fue un ángel quien, enviado por Dios, anunció a María que había sido elegida para ser madre de Jesús. Y fue a él a quien María contestó ese hágase en mí según tu palabra.

Fue un ángel quien aconsejó a José que aceptara a María como esposa, porque el bebé que llevaba en su vientre era obra del Espíritu Santo. Y gracias a la intervención de aquel ángel, José aceptó a María y a Jesús y cuidó de ellos durante el resto de su vida.

Y un ángel avisó en sueños también a José de que Herodes quería matar al Niño. Gracias a aquel aviso, José, María y Jesús huyeron a Egipto hasta la muerte de Herodes, librando así a Jesús de la terrible matanza de los santos inocentes.

Todos y cada uno de nosotros tenemos ángeles custodios, que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. No se ocupan los ángeles de quitarnos los problemas, no. Como no libró a Jesús de la pasión aquel ángel que lo consoló en Getsemaní cuando Pedro, Santiago y Juan se quedaron dormidos en el que a buen seguro fue uno de los momentos más angustiosos de su vida. No es misión de los ángeles librarnos de las dificultades sino ayudarnos a avanzar en el camino del amor; para que vayamos siendo, aunque sea poco a poco, cada vez más del Cielo.

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial»

Mateo 18, 1 – 5.10

Muchos de nosotros hemos rezado de niños cada noche, confiados, ese cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan y casi todos nosotros, por alguna razón que a mí se me escapa, cuando nos hemos hecho mayores, hemos perdido la certeza y la confianza en esas criaturas que también nos acompañan en el camino de la vida, aunque no las veamos. Posiblemente se deba a que con nuestras capacidades como hombres y mujeres no alcanzamos demasiado bien a imaginarlos y a buena parte de nosotros nos pesa demasiado la razón.

Siempre es buen momento para tomar conciencia de que están ahí y para sentirnos agradecidos por lo mucho que nos cuidan desde el Cielo.

2 comentarios

  1. Tu eres un ángel de carne y hueso para muchos de nosotros que cada jueves, desde hace muchos años, nos encarrilas en el camino del AMOR. Gracias por tu Sí y tu perseverancia

  2. Muchas gracias por tus reflexiones de los jueves. Nos ayudan a pensar que no estamos solos y tenemos siempre ayuda celestial en nuestra vida

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