«Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
Evangelio del día 14 de agosto de 2024 – Mateo 18, 15 – 20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
La imagen es de pexels en pixabay
Reflexiones relacionadas
La oración en comunión

Aquí en la tierra buscamos pasar tiempo con las personas que queremos para ponernos al día, para compartirles alegrías, penas, preocupaciones o inquietudes, para pedirles consejo, para buscar su consuelo, para pedirles ayuda si la necesitamos o, simplemente, para disfrutar de su compañía.
La oración es algo que nos permite relacionarnos con la familia del Cielo de la misma manera que nos relacionamos con las personas a las que queremos aquí en la tierra. A ellos también podemos compartirles lo que llevamos en el corazón, sea lo que sea. De ellos también podemos recibir consuelo, consejo, inspiración o ayuda. Y, por supuesto, también podemos, simplemente, disfrutar de su compañía.
¿Rezas por mí?

Es común entre los cristianos de a pie pedir oraciones a las personas con las que tenemos confianza cuando tenemos algún problema que nos agobia y necesitamos que se solucione: una enfermedad, una dificultad económica, una búsqueda de empleo o la finalización de una oposición. Lo que no es demasiado común entre esos mismos cristianos de a pie es pedirnos unos a otros un «¿rezas por mí?» sin más. Como sí que estamos acostumbrados a oir pedir entre quienes han dedicado, oficialmente, su vida a Dios.
Deja una respuesta