El camino por el que las personas llegamos a Dios no es siempre el mismo. Hay quienes son educados en el cristianismo desde niños y desde niños tienen Fe. Y hay quienes llegan a Dios en la juventud, en la madurez o incluso ya en la vejez. Lo mismo da. Lo importante es querer creer. Y confiar en que el día menos pensado Dios saldrá a nuestro encuentro como tiempo atrás salió Jesús al encuentro de aquellos discípulos que iban camino a Emaús.

La Fe, en mi caso, llegó al poco de pasar la mayoría de edad. Había sido educada en una familia católica y en un colegio católico y, por aquel entonces, estaba estudiando en una universidad también católica. Pero lo cierto es que no tenía Fe. Pero sí buscaba a Dios y quería creer. Y el tiempo finalmente llegó. Y cuando llegó, tuve la certeza de haber encontrado lo que llevaba tiempo buscando y me sentí agradecida por tanto. Dí mi sí a Dios y me he mantenido firme en la Fe hasta el día de hoy, que tengo 55 años. Y, hace tan solo unos meses, me confirmé y dí también mi sí oficial a Dios. Y me sigo sintiendo agradecida por tanto.

Querer creer es importante cuando, a los comienzos, se está en búsqueda.

Querer creer es una actitud. Es una actitud que nos hace mantener los ojos abiertos. Y es una actitud que hace que también nuestro corazón esté abierto a dejarse sorprender.

En ocasiones Dios nos habla a través de las palabras de otras personas. En otras ocasiones es la forma de vivir de otras personas lo que nos hace comprender qué es el cristianismo y nos hace desear llegar a parecernos a ellas algún día. Hay quien es conducido por Dios a través de la lectura del Evangelio y hay a quien Dios toca sin más.

De lo que podemos estar completamente seguros es de que si queremos, de verdad, creer, nos encontraremos con ese Padre que saldrá a nuestro encuentro cuando resulte más conveniente para nosotros. Desde el Cielo siempre cumplen sus promesas.

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Mateo 7, 7 – 8

También es importante tener esa actitud de querer creer cuando ya hemos avanzado en el camino de la Fe y se presentan los problemas y las dudas

A lo largo de la vida se alternan las etapas buenas y las que no lo son tanto. Las etapas de triunfos y las de fracasos, los días alegres y los días tristes, de dolor, de rutina, de cansancio, de agobios o de problemas.

Hay veces en las que los problemas que tenemos se nos hacen tan grandes, que no sabemos cómo manejar la situación. Por un lado no sabemos cómo solucionarlos. Quizás porque no está en nuestra mano poder hacerlo. Y les damos vueltas y más vueltas, sin llegar realmente a ninguna parte. Por otro lado, no sabemos gestionar bien el miedo, la ansiedad, la angustia o el vértigo que nos hacen sentir.

Y, cuando nos vemos así, al límite, nos preguntamos dónde está Dios. Y, además de los problemas que ya teníamos, se nos presentan las dudas.

Pero también cuando nos encontramos al límite podemos elegir creer. Y confiar en que todo tiene su sentido, su porqué y su para qué. Aunque por el momento no entendamos nada.

La Fe se alimenta de dudas. Y es, precisamente, en los momentos de dificultad, en los que más se crece. Merece la pena seguir confiando.

2 comentarios

  1. Gracias por tu testimonio,Marta.
    Para mí, la fe es un don y una tarea.
    Un don porque es un regalo que recibimos, y una tarea, porque te compromete con un estilo de vida determinado, el estilo de Jesús y de su Evangelio. Pero ahí tenemos la gracia que recibimos de Dios para ello. Él está siempre con nosotros y nos cuida y nos busca. Y en nosotros está la libertad de querer y elegir decirle sí, cono tú hiciste y has vuelto a hacer en la confirmación.

    Un abrazo enorme.

  2. Hola Marta. Soy Francisco. Como siempre, me encanta tu forma de explicarte tan sencilla en temas complicados. En este caso como el de la fé.
    Gracias por tu reflexión.
    Permiteme desde la humildad puntualizar que es muy importante querer creer, ya que es la antesala de la fé en Cristo, pero también puede ser la antesala de creer en cualquier otra cosa. Lo más importante no es querer creer sino terminar creyendo en Dios y confiar en El y entiendo que es lo que quieres decir y en lo que confías tú.
    Pido por ti y por mi y por todos los que buscan la verdad en la vida, para que sea el Espíritu Santo, El Espiritu de la verdad, quien nos guie o nos siga guiando a través de la fé y en el amor de Cristo hacia los brazos nuestro Padre Celestial, mientras estemos aquí en este mundo y hasta el final en su gloria.
    Un abrazo.

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