Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»

Evangelio del día 13 de septiembre de 2022 – Lucas 7, 11 – 17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

La imagen es de pexels en pixabay

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Empatía

Por lo que de Jesús quedó recogido en el Evangelio sabemos que fue un hombre bueno, generoso, valiente, fiel, perseverante, astuto… sus cualidades realmente fueron muchas pero a mí, personalmente, lo que más me admira de él  es la misericordia que siempre demostró tener, junto a esa capacidad para ponerse en la piel del otro y para sufrir con el que sufre. A eso ahora lo llamamos empatía y nos parece un término muy «cool» para un concepto supermoderno, pero lo cierto es que se trata de una cualidad del ser humano tan antigua como el hombre… como el hombre sensible a los sentimientos y necesidades de las personas que le rodean. 

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