La escucha activa implica poner los cinco sentidos en la conversación con quien nos habla, para entender con profundidad lo que nos quiere transmitir. Implica prestar atención a lo que dice y también a lo que no dice, para tratar de entender, más allá de sus palabras, qué es lo que siente y qué es lo que puede necesitar. Con la disposición de empatizar con él y ayudarlo si fuera el caso.

Es una escucha que poco a poco, y casi sin que nos demos cuenta, estamos perdiendo.

Por una parte, la la tecnología ha jugado un papel esencial para que así sea.

Vaya por delante que en mi opinión la tecnología es algo bueno, que tiene un potencial increíble para resolver los grandes retos sociales que nuestro mundo tiene a día de hoy. Y también para facilitarnos esas pequeñas grandes cosas del día a día.

El problema, en realidad, no está en la tecnología en sí misma sino en el mal uso que hacemos de ella. Un mal uso que, con frecuencia, nos lleva a tener la atención dividida entre varias cosas.

Los que tenemos ya una cierta edad, vemos con cierta perplejidad cómo nuestros adolescentes habitualmente ven las películas que les interesan mientras están dando likes en instagram o están jugando un solitario a las cartas desde el teléfono.

Pero lo cierto es que eso mismo que nuestros adolescentes hacen con las películas lo hacemos ya todos -jóvenes y no tan jóvenes- con las personas. Y es común entre nosotros atender la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico mientras estamos en una reunión online. De la misma manera que es habitual que nuestras conversaciones con otras personas estén permanentemente interrumpidas por llamadas o whastapps.

Y el cerebro no es capaz de atender dos cosas a la vez, aunque muchos de nosotros nos creamos que sí: cuando hacemos varias cosas a la vez no hacemos bien ninguna, porque nos perdemos mucha información por el camino. Desde luego, nos perdemos los matices.

Por otro lado, tener demasiados quehaceres a lo largo del día e ir siempre con prisa, tampoco ayuda en absoluto a la escucha activa, que requiere de paz mental, paciencia y tranquilidad. Se hace muy necesario, creo yo, descargar las agendas: siempre habrá cosas en ellas que no son prioritarias en nuestra vida, que podemos dejar de hacer o que podemos aplazar hasta que llegue el momento oportuno.

La escucha activa, esa que nos lleva a atender al otro con los cinco sentidos puestos en lo que nos está diciendo, le demuestra nuestro interés. Y le demuestra también, nuestra disposición a querer comprenderlo. Es un paso básico en el camino del amor: un primer peldaño. Si no somos capaces ni de subir ese primer peldaño, ¿cómo podemos plantearnos llegar a mirarlo en algún momento con esa mirada del amor con la que estamos llamados a mirar a todas las personas que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida?

Siempre es buen momento para empezar a regalar a los demás un tiempo, de verdad, de calidad.

La imagen es de Simedblack en pixabay

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