Querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan»

Evangelio Lucas 1, 57 – 66

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

La imagen es de KolosVito en pixabay

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Sintonizar a Dios

La doctrina que iba a traer Jesús iba a ser tan sumamente rompedora con lo anterior, que era conveniente – más que conveniente, necesario – una figura como la de Juan Bautista, que de alguna manera hiciera de transición entre una etapa y otra, preparando los corazones de quienes le seguían para el mensaje que recibirían después.

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