«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra»

Evangelio Lucas 21, 34 – 36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

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Procrastinación

Procrastinación

Últimamente el término procrastinación está cogiendo mucha fuerza. Lo utilizamos para referirnos a ese hábito que tenemos algunas personas de retrasar actividades o situaciones que debemos atender, para, en su lugar, acometer otras menos importantes o que nos resultan más agradables.

Nos ponemos mil y una excusas para justificar nuestra actitud dejando apartadas esas situaciones a las que nos deberíamos estar enfrentando. Y facilitamos, de manera más o menos permanente, que lo urgente se anteponga a lo importante. Y así pasan los días, pasan los meses y a veces, incluso pasan los años.

Estar preparados

Jesús nos habla muchas veces en el Evangelio sobre lo necesario que es que centremos nuestra vida en lo que de verdad importa.  Y nos invita continuamente a que no nos dejemos enredar por las muchas distracciones que nos rodean que, sin ser necesariamente malas, lo cierto es que nos acaban robando el tiempo, nos acaban robando el corazón y nos acaban distrayendo mucho – casi sin que nos demos cuenta – de lo que debería ser lo esencial.   

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