Procrastinación

Últimamente el término procrastinación está cogiendo mucha fuerza. Lo utilizamos para referirnos a ese hábito que tenemos algunas personas de retrasar actividades o situaciones que debemos atender, para, en su lugar, acometer otras menos importantes o que nos resultan más agradables.

Nos ponemos mil y una excusas para justificar nuestra actitud dejando apartadas esas situaciones a las que nos deberíamos estar enfrentando. Y facilitamos, de manera más o menos permanente, que lo urgente se anteponga a lo importante. Y así pasan los días, pasan los meses y a veces, incluso pasan los años.

Es una actitud que no tiene ningún sentido. Porque normalmente con el paso del tiempo los problemas ni desaparecen ni se hacen más pequeños. Más bien suele ocurrir todo lo contrario: un problema que no se enfrenta cuando se presenta, lo normal es que se haga más grande.

En ocasiones la procrastinación se da por pereza:

Un mal hábito que nos hace desperdiciar nuestro tiempo y nos hace malgastar unos talentos que nos fueron dados, sobre todo, para usarlos en beneficio de los demás.

En otras ocasiones la procrastinación se da por miedo:

Miedo a tener que enfrentarnos a personas o a realidades que se nos hacen difíciles. Miedo al fracaso. Miedo a tener que tomar decisiones. O miedo a tener que enfrentarnos a nosotros mismos y a reconocer que hay cosas en nuestra vida con las que debemos cortar y otras que debemos cambiar.

El miedo nos impide crecer, nos empequeñece, nos impide que saquemos todo nuestro potencial, nos hace querer evitar riesgos a costa de cualquier cosa y nos impide ser capaces de aprovechar todas las oportunidades que la vida nos pone por delante. ¿En qué clase de personas nos convertimos si vivimos con miedo? y ¿en qué clase de cristianos?

Jesús nos invita a que vivamos sin miedo. No es una invitación a la imprudencia, claro que no. Es una invitación a que vivamos nuestra vida desde la Fe. Con esa Fe práctica que debemos poner cuando nos enfrentamos a situaciones que nos superan y también en las pequeñas grandes cosas del día a día. Porque la Fe – cuando es verdadera – nos hace sentir que vamos por la vida respaldados por el mismísimo Dios Padre, que nos quiere más que a nada y que todo lo puede. ¿Qué más necesitamos para ser valientes?

Jesús también nos invita a que no dejemos para más adelante lo que de verdad importa

Debemos estar siempre preparados, centrando nuestra vida en lo que de verdad importa sin dejarnos enredar por las muchas distracciones que nos rodean que, sin ser necesariamente malas, lo cierto es que nos acaban robando el tiempo, nos acaban robando el corazón y nos acaban distrayendo mucho –casi sin que nos demos cuenta– de lo que debería ser lo esencial:   

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre

Evangelio Lucas 21, 34 – 36

Ninguno sabemos si mañana nuestra salud será buena o cómo irán evolucionando las circunstancias que rodean nuestra vida. Por eso es importante que no demoremos lo importante y que nos dispongamos, si no lo hemos hecho ya, a hacer de la generosidad nuestra forma de vida.

La imagen es de TheDigitalArtist en pixabay

1 comentario

  1. Además de los inconvenientes citados, de orden espiritual, la procrastinación puede crear también importantes trastornos de ansiedad, difíciles de tratar si se desconoce la causa que los originó.

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