«Dame, ahora mismo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista»

Evangelio Mateo 14, 1 – 12

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús, y dijo a sus cortesanos: «Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Es que Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Filipo, porque Juan le decía que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: «Dame, ahora mismo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

La imagen es de StockSnap en pixabay

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Preparar el camino

La misión de Juan fue preparar los corazones de aquellos que quisieron escucharle para que pudiesen recibir a Jesús. Y a ella dedicó su vida adulta, proponiéndosela de la misma manera tanto a las gentes sencillas como a las poderosas. Y tanto fue así que no reparó en afear al mismísimo Herodes su comportamiento con la mujer de su hermano y le costó la vida. 

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