«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto»
Evangelio Juan 20, 24 – 29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
La imagen es de StockSnap en pixabay
Reflexiones relacionadas
Si no lo veo no lo creo

Muchos de nosotros nos sentimos personas de Fe. Pero cuando llegan las adversidades, o nos envuelven los espejismos del mundo, o caemos en las tentaciones, o pedimos a Dios y las cosas no se resuelven de la manera en la que a nosotros nos gustaría, muchas veces esa Fe se nos tambalea. Y nos asaltan las dudas. Y caemos en la cuenta de que nuestra Fe no es demasiado robusta. Y pedimos pruebas para volver a creer.
Creer para ver

¿Quién no se reconoce a sí mismo en ese Tomás tan incrédulo, tan desconfiado, tan bocazas, tan terreno, tan humano, tan vulnerable?
Nosotros, siglos más tarde, no tenemos mas remedio que creer sin ver físicamente a Jesús. No tenemos la oportunidad que tuvo Tomás de ver las palmas de la mano del Maestro con la señal de los clavos ni de meter nuestra mano en su costado.
A nosotros nos toca creer sin ver… y eso es, precisamente, la Fe.
Deja una respuesta