«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»

Evangelio Marcos 3, 1 – 6

Entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él. 

La imagen es de pexels en pixabay

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En la medida en la que se va avanzando en el camino del amor se va teniendo la certeza de estar en la verdad y se va ganando libertad. Porque va guiando, cada vez más, el Espíritu. Y ese Espíritu inspira y facilita un criterio, una seguridad y una luz que están muy por encima de las normas, que de repente se quedan cortas. Cortísimas.

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