
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará
Evangelio Marcos 8, 34 – 9, 1
Llamando a la gente y a sus discípulos Jesús les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles». Y añadió: «En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».
La imagen es de Free – Photos en pixabay
Reflexiones relacionadas
¿Qué es negarse a uno mismo?

La expresión «negarse a uno mismo» no resulta, en principio, demasiado clara. ¿Es una invitación a dejarlo todo?, ¿es una invitación a la humildad?, ¿es una invitación a ponerlo todo en manos de Dios?
Si hacemos una lectura rápida, puede parecer que Jesús nos está invitando a buscarnos «cruces»o sufrimientos que nos hagan llevar una carga pesada, para parecernos a él en el momento de la pasión. Pero no es a eso a lo que nos invita … felizmente. No nos pide que nos fabriquemos sufrimientos, sino más bien que sepamos llevarlos cuando éstos se presenten o cuando sean necesarios para bien del prójimo . ¿Cómo podemos ni siquiera pensar en que a Jesús o al Padre les puede gustar vernos sufrir?. A ellos les gusta que seamos felices igual que a los padres de aquí de la tierra nos gusta que lo sean nuestros hijos.
Deja una respuesta