
Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás
Evangelio Lucas 17, 1 – 6
Dijo Jesús a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás». Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería ».
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El perdón

A muchos de nosotros nos cuesta pedir perdón. Posiblemente porque nos obliga a reconocer que hemos hecho las cosas mal.
Y, si nos cuesta pedir perdón, aún más nos cuesta perdonar. Perdonar de verdad, de corazón, olvidando la faena o la ofensa hecha, para hacer «borrón y cuenta nueva» con esa persona que no se portó con nosotros como debiera haberlo hecho
Pedir perdón

A lo largo de nuestra vida tomamos innumerables decisiones. Algunas son decisiones importantes y otras, las más numerosas, son decisiones sobre pequeñas cosas, más propias del día a día.
Con algunas de las decisiones que tomamos acertamos y con otras nos equivocamos, formando los errores parte de la vida misma, de nuestro crecimiento y de nuestro aprendizaje. De esos errores que cometemos tienen especial importancia, en mi opinión, los que implican descuidar, tratar mal u ofender a los demás.
Y tiene especial importancia también cómo reaccionamos cuando ya nos hemos equivocado y el mal ya está hecho y no tiene vuelta atrás
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