Evangelio del día Imagen agosto 2019

Tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor

Evangelio Lucas 9, 28b – 36

Tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

La imagen es de katrina_S en pixabay

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Muchos cristianos – y quienes aspiramos a serlo – tenemos clara la idea de que el cristianismo es amor. Y también tenemos clara la idea de que el amor ha de traducirse en servicio; en un vivir hacia los demás y para los demás.

Sin embargo, por alguna razón que a mí se me escapa, sentimos con menos intensidad la idea de la paternidad de Dios. No sentimos, de hecho, la necesidad de relacionarnos habitualmente con él y, mucho menos, la de anclar nuestra vida en Él.

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