Evangelio apc Maleta

A muchos de nosotros nos gusta planificarnos. Nos sentimos cómodos teniendo la vida más o menos organizada. Y nos contraría el tener que alterar nuestros planes cuando no es imprescindible.

Jesús siempre miró por el bien de los demás antes de por el suyo propio. Y nunca dudó en hacer hasta lo imposible por ayudar a quien pudiera necesitarle; llegando a cambiar, no ya sus planes personales – que, por supuesto – sino hasta los planes del Cielo cuando fue menester: 

Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija. (Evangelio Mateo 15, 21 – 28).

Jesús conocía el plan que Dios tenía para él. Y tenía claro que, aunque su objetivo final era que el cristianismo terminase extendiéndose por el mundo entero, él, Jesús, debía predicar su mensaje al pueblo de Israel. Sus apóstoles, tras su muerte, serían los encargados de extenderlo fuera.

En esta ocasión se acerca a él una mujer extranjera y le pide ayuda. Sabe que ese milagro que le está pidiendo la mujer no está en el plan de Dios. Pero su dolor y su Fe le tocan tanto el corazón que no se resiste y le regala la curación de su hija:

La compasión de Jesús y la Fe de la mujer cambian los planes del Cielo.

Cambio de planes que, aunque no se da con mucha frecuencia en el Evangelio, lo cierto es que también ocurre en otras ocasiones. De hecho, el primer milagro que hizo Jesús, convirtiendo el agua en vino en Caná, respondió a un cambio de planes, en aquella ocasión por intercesión de María.

Nosotros, igual que Jesús, debemos ser tremendamente compasivos ante el sufrimiento de los demás.

Y debemos, como él, activarnos frente a ese dolor:

Porque no podemos acomodarnos. Porque no debemos quedarnos en nuestra zona de confort. Porque no podemos ser indiferentes frente a las necesidades de los demás. Porque no podemos mirar cómo otros tratan de cambiar el mundo mientras nosotros estamos tumbados en nuestro sofá.

Y debemos también, como Jesús, ser flexibles y cambiar de planes cuando el bien del otro lo requiera:

El mundo en el que vivimos evoluciona cada vez más deprisa. Al menos,  así lo siento yo. La digitalización del mundo, en particular, está afectando enormemente a cómo nos relacionamos las personas, a qué tipo de relaciones construímos, a qué nuevas habilidades estamos adquiriendo, a qué habilidades estamos perdiendo, a qué nuevas profesiones están surgiendo o hacia qué modelo de relaciones laborales estamos yendo. Reina la inestabilidad y quienes aquí vivimos nos vemos obligados a vivir adaptándonos día tras día a un entorno enormemente cambiante, nos guste o no.

Afortunadamente, lo esencial no ha cambiado ni cambiará. Aquello que Jesús nos propuso que fuera el eje de nuestra vida – el amor a Dios y el amor a los hombres – sigue siendo hoy tan válido como hace 21 siglos. Sigue teniendo hoy tanto sentido como entonces. Sigue dando sentido a la vida tanto como lo hacía entonces. Y sigue proporcionando una felicidad tan honda como la que proporcionaba entonces.

Habituados como estamos ya a vivir así, surfeando entre las olas de de un mundo en vertiginosa evolución, ¿de verdad no vamos a ser capaces de cambiar de planes y de actitud para hacer más llevadera la vida de quienes nos rodean?

La imagen es de Couleur en pixabay

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